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Al atardecer el barrio se transformó en museo Imprimir Enviar e-mail a un amigo
14.01.2010
El equipo de acción comunitaria llegó, en horas del mediodía, al barrio El Semillero en Cotiza; armados con la caja de herramientas se pusieron manos a la obra y comenzaron la instalación de las gigantografias, producidas en el Taller de Fotografía Participativa, designadas para la plaza y las paredes del consejo comunal.

Aprovechando esas horas en las que un gran número de habitantes estaba en casa, almorzando o en el trabajo, iniciaron la ardua labor. Por momentos la lluvia interrumpió el trabajo de instalación, la neblina cubría al Warairarepano avizorando un tiempo tempestuoso, pero el frío y la brisa helada fueron obstáculos que prontamente se lograron superar; el antídoto ante tal panorama? nada como un buen almuerzo proporcionado por la Sra. María Valderrama, líder comunitaria (y una de las mejores reposteras de la ciudad) en la calidez de su hogar, para reactivar la moral del equipo y continuar con la labor.

Luego del almuerzo, los hombres del equipo seguían tomando medidas e instalando bajo las indicaciones del guía de la actividad, el Lic. Eduardo Planchart, Coordinador de Acción Comunitaria, mientras que integrantes de la coordinación recogían testimonios, capturaban imágenes propias de la cotidianidad comunitaria y escuchaban las impresiones que tal actividad despertaba en la gente. Los transeúntes se detenían por momentos a ver que eran esas novedosas imágenes que ahora se encontraban en ese espacio tan frecuentado, tan común y familiar como lo es la plaza; los pasajeros del transporte público no podían despegarse de las ventanas para tratar de descifrar las grandes fotografías que ahora se imponían sobre las monocromáticas paredes de las casas de algunos vecinos.

“Mira donde está Fabián” “Ese es el niño de Nathaly” “Mi foto la pones bien arriba para que no me duelan las piedras que me van a lanzar jejeje” expresiones de este tipo, entre otras más, comenzaron a oírse entre murmullos por los habitantes del semillero, y es que para su sorpresa, los retratados y los escenarios reflejados en las imágenes no eran extraños sino sujetos y lugares reconocibles e identificables, todas las fotografías son extractos de su diario vivir, de personas y espacios para nada ajenos, al contrario, todos muy cercanos a sus experiencias rutinarias, congeladas ahora en el tiempo como citas visuales de una narración icónica. Los créditos de las fotografías tampoco les eran desconocidos, los artistas responsables de capturar esos momentos eran los nombres de niños y niñas, hombres y mujeres del sector, participantes del taller de Fotografía dictado por el CENAF, así que muchos de ellos orgullosamente llevaron a sus familiares para que observaran su trabajo y recibieron los elogios de los espectadores.

La tarea de instalar no fue fácil, pero en una ocasión fue casi imposible, requiriendo de mucha audacia e incluso de superar algunos temores, al tener que colocar una de las imágenes en un segundo piso manteniendo el equilibrio sobre un delgado borde del muro, sin ningún otro tipo de seguridad más allá del “no miren para abajo!”. A pesar de lo exigente de esta tarea, la satisfacción fue completa al ver la imagen “El señor Dimas barriendo la cancha” elevada como una valla, patrocinando lo valioso de la cooperación comunal.

Tal vez los insumos para trabajar parecían insuficientes, el tiempo por momentos mostraba una mala cara, pero al final era imposible no marcharse con una sonrisa en el rostro, el buen humor inundaba a aquel pequeño escarabajo en el que llegaron esos trabajadores incansables, pues dejaban atrás a una plaza convertida en sala de exhibición y a un barrio transformado en todo un museo.

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